By:
Guido Durney
Introducción:
Hay algo profundamente incómodo —y a la vez
revelador— en reconocer que el progreso también puede implicar pérdidas. En el
caso de la educación en Chile y gran parte de Latinoamérica, el avance hacia la
masificación ha traído consigo una tensión silenciosa: más acceso, pero menos
esencia.
Muchos recuerdan una época donde la educación no
solo instruía, sino formaba carácter. Donde el respeto no era opcional, la
disciplina no era negociable y el profesor era una figura moral, no solo
académica.
Pero ¿realmente todo tiempo pasado fue mejor? ¿O
estamos frente a un cambio estructural mal ejecutado?
La educación que formó carácter
Durante gran parte del siglo XX, el sistema
educativo chileno —particularmente a través de las Escuelas Normales— formó
generaciones con un fuerte sentido de responsabilidad, cultura general y
respeto social.
El profesor no era solo un transmisor de contenido,
sino un formador integral. La educación incluía:
- Humanidades
clásicas
- Idiomas
como inglés y francés
- Educación cívica y moral (religión)
- Normas
Sociales de urbanidad
Era un sistema exigente, sí. Pero también
profundamente formativo.
La masificación educativa: logros y costos
A partir de los años 60, Chile —al igual que muchos
países— inició un proceso de expansión educativa.
✔️ Logros:
- Acceso
universal
- Inclusión
social
- Cobertura
rural
- Mayor
equidad de oportunidades
❌ Costos:
- Disminución
de exigencia académica
- Pérdida
de formación humanista
- Debilitamiento
del rol docente
- Estandarización
del aprendizaje
Se pasó de un sistema “para pocos y bueno” a uno
“para todos, pero irregular”.
El giro ideológico y cultural
En las últimas décadas, el enfoque educativo ha
cambiado profundamente.
Se reemplazaron conceptos como:
- Deber
por → Derechos
- Disciplina
→ Autonomía
- Formación
→ Competencias
Este cambio ha estado influenciado por corrientes
progresistas que buscan redefinir la educación desde una lógica de equidad
social.
El problema no es el objetivo —que es legítimo—
sino la ejecución: se priorizó la inclusión sin mantener estándares de
excelencia.
El error estratégico: incluir sin preservar
Aquí está el punto crítico.
Chile no falló por reformar su sistema educativo.
Falló al hacerlo sin equilibrio.
Se desmantelaron estructuras valiosas en lugar de
modernizarlas:
- Se
eliminó la figura del profesor normalista
- Se
debilitó la enseñanza humanista
- Se
relativizó la disciplina como valor educativo
La inclusión no debía implicar demolición, sino
integración.
Cuadro comparativo: educación
antes vs ahora
|
Dimensión |
Antes (Modelo clásico) |
Ahora (Modelo moderno) |
|
Enfoque |
Formación
integral |
Competencias
técnicas |
|
Disciplina |
Alta |
Variable |
|
Rol del profesor |
Formador
moral |
Facilitador |
|
Acceso |
Limitado |
Universal |
|
Humanidades |
Prioridad |
Secundarias |
|
Evaluación |
Exigente |
Flexible |
Análisis estratégico (Chile y LATAM)
🔹 Económico:
Una educación débil impacta directamente en la
productividad y competitividad del país.
🔹 Social:
La pérdida de valores formativos afecta la
convivencia, el respeto y la cohesión social.
🔹 Político:
El sistema educativo se convierte en un campo
ideológico en lugar de una política de Estado.
Propuesta: un modelo híbrido de excelencia
No se trata de volver al pasado. Se trata de
rescatar lo mejor de él.
🔧 Claves del nuevo
modelo:
- Revalorizar
el rol del docente como formador
- Reincorporar
humanidades y educación cívica
- Mantener
acceso universal con estándares exigentes
- Integrar
tecnología sin perder valores
- Fomentar
disciplina con pensamiento crítico
Conclusión:
La educación no puede ser rehén de nostalgias ni de
ideologías.
Debe ser una herramienta estratégica para el
desarrollo humano y nacional.
Chile no necesita retroceder a 1950. Necesita
avanzar con inteligencia: combinando la profundidad formativa del pasado con
las oportunidades del presente.
“Porque educar no es solo enseñar a pensar…
es enseñar a ser.”
"Acta non Verba."
GDU.
