Autor: (Guido Durney U.)

Cómo Chile puede fortalecer su resiliencia cibernética entre 2025 y 2030: inversión, autenticación multifactor, regulación ética y coordinación público-privada para evitar apagones digitales y delitos cibernéticos.


“Chile está entrando en una nueva era de digitalización acelerada, pero también enfrenta amenazas cibernéticas que ponen en jaque su estabilidad. Entre 2025 y 2030, la gobernanza de la ciberseguridad debe transformarse para proteger tanto al Estado como al sector privado, y construir una resiliencia sólida frente a riesgos críticos.”

La debilidad estructural: poca resiliencia en lo público y privado.

Aunque Chile ha avanzado recientemente con la Ley Marco de Ciberseguridad (Ley 21.663), la realidad es que muchas instituciones públicas y empresas privadas aún no han alcanzado niveles adecuados de preparación. La nueva legislación crea la Agencia Nacional de Ciberseguridad (ANCI) y exige que operadores de servicios esenciales implementen sistemas de gestión de seguridad.


Sin embargo, la capacidad de respuesta aún es limitada, en gran parte por la baja cultura de ciberseguridad y la falta de talento especializado: según la Política Nacional de Ciberseguridad 2023-2028, el país necesita decenas de miles de expertos en seguridad digital. ciberseguridad.gob.cl

Esa fragilidad puede abrir la puerta a crisis graves: un ataque sofisticado podría paralizar servicios esenciales y generar consecuencias económicas, sociales y políticas.

El riesgo de un apagón cibernético: una amenaza estratégica.

Imaginemos un “apagón cibernético”: un ciberataque masivo que interrumpe simultáneamente redes eléctricas, telecomunicaciones, transporte o salud. No es descartable: la nueva ley obliga a reportar incidentes significativos, especialmente si comprometen la continuidad de servicios esenciales.


Para mitigar ese riesgo, es urgente diseñar un plan nacional que combine simulaciones, ejercicios de respuesta a crisis y recuperación ante desastres (Disaster Recovery Plan, DRP) alineados con la continuidad de negocio (BCP). En el ámbito privado, las empresas deben adoptar prácticas como respaldo fuera de línea, segmentación de redes y autenticación fuerte.

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En el sector público, la ANCI debe liderar junto con el CSIRT nacional esfuerzos coordinados para ejercicios regulares, fortalecimiento del debate interministerial y definición clara de responsabilidades en caso de un ciberapagón.

Inversión estratégica: dónde poner los recursos ahora.

Para reforzar la resiliencia, tanto el Estado como el sector privado deberían priorizar inversiones en:

  1. Infraestructura crítica: energía, salud, transporte, telecomunicaciones, agua y saneamiento. Según la ley, estos sectores están bajo obligaciones específicas.

 

  1. Seguridad de identidad: promover la autenticación multifactor (MFA) — especialmente doble autenticación — en entidades estatales, bancos, empresas tecnológicas y proveedores de servicios esenciales.
  2. Centros de operación de seguridad (SOCs / CyberSOC): monitoreo continuo, análisis de inteligencia, detección de patrones y respuesta en tiempo real.
  3. Desarrollo de capital humano: cerrar la brecha de especialistas en ciberseguridad mediante formación universitaria, certificaciones y cooperación internacional. La política nacional ya reconoce este déficit.
  4. Regulación e incentivos: ofrecer incentivos fiscales o subvenciones para que empresas implementen estándares de seguridad, reporten incidentes y se auditen.

Autenticación doble y cultura de seguridad.

Una de las medidas más eficientes para prevenir intrusiones o suplantaciones es la autenticación multifactor. Incentivar su adopción en sistemas gubernamentales y corporativos es clave. Más aún, debe integrarse en la formación institucional, promoviendo una cultura donde cada usuario —desde un funcionario hasta un ciudadano— entienda su rol en la protección digital.

Esto se alinea con la misión de la ANCI de promover una “cultura de seguridad pública digital, difución y capacitación.

Ética, regulación y derechos digitales:

Con la aparición de normas como la Ley Marco de Ciberseguridad, también surgen grandes dilemas éticos. ¿Cómo equilibrar la seguridad con los derechos ciudadanos al acceder a servicios digitales? ¿Cómo evitar abusos si el Estado adquiere más poder de vigilancia digital?

Aquí es esencial un enfoque ético en la regulación:

  • Legislaciones claras sobre la notificación de incidentes.
  • Salvaguardas para proteger la privacidad y la autonomía individual.
  • Transparencia en el trabajo de la ANCI, con rendición de cuentas ante la ciudadanía.
  • Comités consultivos multisectoriales para debatir estándares y riesgos, incluyendo organizaciones de la sociedad civil.

Detección inteligente: mapeo de patrones y gobernanza digital.

La lucha contra el delito cibernético requiere más que políticas legales: necesita tecnología. Implementar sistemas avanzados de análisis de datos e inteligencia artificial para mapear patrones de ataques —como phishing, ransomware, intrusión en sistemas críticos— puede permitir una detección temprana.

La ANCI y el CSIRT nacional podrían liderar la creación de una plataforma unificada de inteligencia cibernética, donde se compartan indicadores de compromiso (IoCs), tácticas, técnicas y procedimientos (TTP), y anomalías observadas. Este enfoque no solo refuerza la prevención, sino que mejora la gobernanza al integrar datos públicos y privados.

Coordinación público-privada: la clave de la resiliencia.

El Estado no puede fortalecer la ciberseguridad en solitario. Es indispensable promover alianzas con empresas privadas, universidades y organizaciones de la sociedad civil. Algunas acciones concretas:

  • Convenios con universidades para formar profesionales en ciberseguridad y generar investigación aplicada.
  • Publicación de guías y estándares, incentivando la certificación ISO 27001 u otros sistemas de gestión de seguridad.
  • Ejercicios conjuntos de crisis (simulacros de ciberapagón), entrenamientos compartidos y mesas de trabajo.
  • Difusión pública preventiva.
  • Capacitación gratuita para sectores y rangos etáreos vulnerables.

Además, la Política Nacional de Ciberseguridad 2023-2028 ya define un comité interministerial, lo que debe reforzarse con diálogos estructurados con el sector privado. anguitaosorio.cl

Conclusión: un plan estratégico nacional con visión 2030

Chile hoy tiene una oportunidad histórica: consolidar su marco normativo con la Ley 21.663, generar una cultura de ciberseguridad robusta y desarrollar talento especializado para enfrentar amenazas cada vez más sofisticadas. La cooperación público-privada, la inversión estratégica y un enfoque ético son los pilares de un plan nacional que no solo responda a riesgos actuales, sino que proyecte resiliencia hacia 2030.

Para lograrlo, es imprescindible que el Estado impulse simulacros, fomente el uso de autenticación multifactor, fortalezca la ANCI y el CSIRT, y promueva la regulación responsable. Al mismo tiempo, el sector privado debe asumir su parte con inversiones constantes, capacitación y transparencia.

"Si Chile da este paso con decisión, podrá transformarse en referente regional de gobernanza cibernética, proteger su infraestructura crítica y garantizar que los derechos digitales de sus ciudadanos estén salvaguardados en un mundo cada vez más interconectado."


Bibliografía:

  1. Ministerio del Interior y Seguridad Pública (Chile). Política Nacional de Ciberseguridad 2023-2028. ciberseguridad.gob.cl
  2. Library of Congress. “Chile: Framework Law on Cybersecurity Comes into Force.” The Library of Congress
  3. Clyde & Co. “New Data Protection and Cybersecurity Legislation: A Leap Towards Enhanced Digital Security.” clydeco.com
  4. OECD. Digital Government in Chile: Strengthening the Management of Digital Investments. (2025) OECD
  5. Schneider Abogados. “Ciberseguridad en Chile 2025: claves legales, riesgos y estrategias para empresas.” Schneider Abogados
  6. Guía Chile Energía. “Ciberseguridad 2025: 8 medidas clave para blindar su empresa.
  7. imagen: pixabay