Por Guido Durney Urrutia – “Mentes Influyentes 360”
El escenario político chileno de cara a las elecciones presidenciales de
noviembre de 2025 se perfila como uno de los más definitorios de las últimas
décadas. La polarización ya no es solo una característica del debate público,
sino una estructura estable que divide visiones de país: por un lado, la
izquierda encabezada por Jeannette Jara, y por otro, la derecha liderada
por José Antonio Kast, cuya propuesta de “orden, seguridad y eficiencia”
parece resonar profundamente en una ciudadanía cansada de la incertidumbre.
1. Un país polarizado, pero con
búsqueda de estabilidad
Las encuestas de octubre de 2025 —Panel Ciudadano
UDD y CADEM— muestran un empate técnico en la primera vuelta: Jara entre el 27%
y 28%, Kast entre el 25% y 26%, y Evelyn Matthei consolidando un tercer lugar
cercano al 16%. Sin embargo, la verdadera batalla no está en la primera vuelta,
sino en la capacidad de proyectarse hacia el balotaje, donde las
matemáticas electorales son implacables.
En todos los escenarios de segunda vuelta, Kast
supera con claridad a Jara, con márgenes que oscilan entre 10 y 17
puntos porcentuales. Esta ventaja estructural no se explica solo por la
transferencia de votos de la derecha tradicional, sino también por la
incapacidad del oficialismo para expandir su base más allá de su núcleo duro,
limitado por la militancia comunista y la desaprobación del actual gobierno.
En términos políticos, lo que se observa no es un
voto ideológico puro, sino un voto de confianza en la gestión y el liderazgo
firme.
2. La ciudadanía exige orden y
coherencia
Los estudios de IPSOS 2025 sitúan la seguridad
pública, la inmigración irregular y la corrupción como las tres mayores
preocupaciones nacionales. En ese contexto, el discurso de Kast —centrado en el
orden institucional y el rigor fiscal— sintoniza con una demanda transversal
por autoridad, control y eficiencia estatal.
El votante promedio ya no busca promesas
abstractas, sino respuestas concretas ante una crisis de gobernabilidad
que se arrastra desde 2019. La seguridad, la confianza y la eficiencia fiscal
son hoy valores políticos tan determinantes como lo fueron la justicia social o
la igualdad en décadas pasadas.
Desde la experiencia en gestión pública, se percibe
que la ciudadanía ha madurado políticamente: el electorado no solo evalúa la
ideología, sino la capacidad real de implementar políticas efectivas.
Esa es la base del atractivo republicano.
3. Kast y la derecha: la cohesión
como factor diferencial
A diferencia del oficialismo, la derecha ha logrado
consolidar una unidad estratégica. Evelyn Matthei, pese a su tercer
lugar, cumple un rol clave en la transferencia de votos hacia Kast. Su llamado
a “priorizar la unidad del sector” ha permitido que el bloque opere con un techo
electoral compartido que puede superar fácilmente el 45% en segunda vuelta.
Este fenómeno no es casual. En política comparada,
los movimientos conservadores que logran articular una narrativa coherente en
torno a la seguridad y la estabilidad —como ocurrió en Italia con Giorgia
Meloni o en El Salvador con Nayib Bukele— tienden a capitalizar el voto de
cansancio hacia los gobiernos progresistas. Chile, en ese sentido, sigue una lógica
regional más que un fenómeno aislado.
4. El factor simbólico:
disciplina y confianza
La propuesta de recorte fiscal de $6.000
millones de Kast ha sido cuestionada por su dificultad técnica, pero en
términos políticos representa algo más profundo: el símbolo del control y la
disciplina. En un país donde la desconfianza hacia el gasto público es
alta, esa señal cumple una función comunicacional poderosa.
El mensaje es claro: “un Estado eficiente y
austero es un Estado confiable”. La coherencia del discurso republicano,
mantenida sin titubeos desde 2021, ha generado una identidad política sólida
que trasciende la figura del líder y penetra en las bases territoriales del
partido.
Como ocurre en toda estrategia electoral exitosa,
la coherencia discursiva termina siendo tan importante como el contenido
programático.
5. El techo de la izquierda y el
voto de castigo
El gran desafío de Jeannette Jara radica en su incapacidad
para atraer al votante de centro. Su militancia comunista, unida a su rol como
exministra del actual gobierno, la ancla a un segmento limitado. Las encuestas
muestran que un 19% del electorado indeciso preferiría abstenerse o
votar nulo ante un escenario polarizado entre Kast y Jara.
Esa fuga del centro es, en términos técnicos, un voto
de castigo al oficialismo y una ventaja automática para la derecha. El
Partido Republicano no solo capitaliza el rechazo al gobierno, sino también la
sensación de vacío de liderazgo que muchos chilenos perciben en el sector
tradicional.
6. Conclusión: hacia un nuevo
ciclo político
Chile se encuentra en un punto de inflexión. La
elección de 2025 definirá si el país continúa por la ruta del intervencionismo
estatal o retoma un modelo de desarrollo basado en la disciplina fiscal y la
libertad económica.
A la luz de los datos y tendencias, José Antonio
Kast emerge como el candidato estructuralmente más sólido para enfrentar la
segunda vuelta, no solo por sus números, sino por su sintonía con el ánimo
ciudadano: orden, eficiencia y autoridad.
La historia reciente demuestra que los liderazgos
que logran combinar firmeza con coherencia programática son los que
finalmente conducen a la estabilidad. En ese marco, el Partido Republicano ha
sabido construir un relato político que ofrece dirección y sentido en medio de
la incertidumbre.
Chile está buscando menos ruido y más acción,
y esa búsqueda podría definir el resultado de noviembre.
Fuentes y Bibliografía Consultada
- Universidad
del Desarrollo (UDD) – Panel Ciudadano, Encuesta de Opinión Pública,
octubre 2025.
- CADEM
– Plaza Pública N°498, octubre 2025.
- IPSOS
Chile – Barómetro de Prioridades Nacionales 2025.
- PNUD
Chile – Informe sobre Confianza y Gobernanza, 2024.
- Centro
de Estudios Públicos (CEP) – Percepciones Políticas y Sociales 2025.
- Durney,
G. (2025). Análisis Electoral y Estrategia Política Territorial,
Mentes Influyentes 360.
